El Sakay es una de esas salsas que cambian un plato por completo, pero mucha gente se queda solo en lo evidente y lo reserva para el arroz o la carne. Esta salsa picante de Madagascar, hecha con jengibre, ajo y pimentón ahumado, da mucho más juego del que parece. Aquí van cinco maneras de sacarle partido que quizá no habías pensado.
La primera es la más sencilla, añadir una cucharada pequeña a tus huevos. Tanto revueltos como en tortilla, el Sakay les da un punto ahumado y picante que convierte un desayuno normal en algo con carácter.
La segunda es usarlo como base de un aliño. Mézclalo con aceite de oliva y unas gotas de limón y tendrás una vinagreta con fuego, perfecta para una ensalada aburrida, unas verduras asadas o unas legumbres frías.
La tercera, y quizá la más sorprendente, es incorporarlo a tus marinados. Untar el Sakay sobre el pollo, el pescado o el tofu antes de cocinarlos hace que el sabor penetre. Déjalo reposar media hora y notarás la diferencia desde el primer bocado.
La cuarta es para los amantes de las sopas. Una cucharadita disuelta en un caldo caliente le da profundidad y un punto picante que despierta cualquier crema de verduras o plato de cuchara, algo que se agradece en invierno.
La quinta es atreverte con lo inesperado, una hamburguesa, una pizza casera o un bocadillo. Una fina capa de Sakay sustituye a las salsas de siempre y eleva el conjunto. La clave está en la cantidad, empieza poco a poco e ir ajustando a tu gusto.
Como ves, el Sakay es mucho más que un acompañamiento. Es una herramienta para dar personalidad a casi cualquier receta, y la mejor manera de descubrirlo es probando. Elige una de estas ideas, ajusta el picante a tu medida y deja que el carácter de Madagascar entre del todo en tu cocina.

